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miércoles, 16 de noviembre de 2016

EL CÍRCULO DORADO DE KASE.O

¿Qué podemos decir de El Círculo que no se haya dicho ya? La red está llena de entrevistas, reseñas y críticas de la nueva obra de Kase.O –considero la de Versos Perfectos  la mejor con diferencia-, la inmensa mayoría de los conciertos de la gira han hecho sold out y las diferentes opiniones no han dejado de llover desde el minuto uno. No es para menos. Semanas después de que viera la luz, una vez ha pasado el tiempo para necesario para asimilar su llegada y verlo con una mínima perspectiva, me decido a compartir con vosotros algunas reflexiones al respecto. 

El rasgo más destacado del disco durante su larguísima promoción ha sido el carácter personal del mismo. Kase.O se quita el uniforme de dios del hardcore y Javier adquiere más protagonismo. El propio Ibarra se ha hartado de repetirlo y nosotros nos hemos hartado de escucharlo. Ahora bien, detrás de esta premisa, ¿qué hay detrás de todo esto? ¿Qué secretos guarda el camino que recorre Kase dentro de su vergel circular? 

La ilustración de la portada ha sido realizado por Pedro Rodríguez sobre la idea original del propio Kase.O. 
El Círculo tiene un contorno que ha sido definido por el propio Ibarra en su mayor parte pero no en su totalidad. Estoy seguro de que las cuerdas que abren la introducción del disco van a resonar en las cabezas de muchos oyentes durante muchos años, como ya lo hacen los samples de R de Rumba en los trabajos de Violadores del Verso. Y aquí presentamos el segundo nombre propio al que debemos hacer referencia: Gonzalo Lasheras, la sombra creativa de Kase.O, la mano que ejecuta tras el cerebro pensante. Las producciones que firman ambos son minimalistas en su inmensa mayoría y se basan en un abanico de sonidos clásicos, de forma que bombos, cajas, bajos y sintetizadores van girando en órbita alrededor del MC y sus versos. La estética de El Círculo es lo suficientemente desahogada como para que el protagonismo principal recaiga en las estructuras y en las rimas de Ibarra; es en sus versos y en sus flows en los que se apoya la música y no al revés. Para conseguir esto de forma satisfactoria, el rapero en cuestión debe ser lo suficientemente bueno, variado y dinámico durante 70 minutos como para evocar todas las imágenes y sentimientos que la música simplemente se encarga de reforzar. Es protagonismo y a la vez autoexigencia. Pero también las producciones deben ser tan decorativas como sólidas, deben ser al mismo tiempo la base y el adorno para las rimas de Kase.O. Ahora bien, como creador del disco, ¿lo consigue? 

La respuesta a esa pregunta depende de los gustos del oyente. Es así de sencillo. En mi caso, la primera vez que escuché Esto No Para no se me iba la sonrisa sádica de la cara. El cuello se me movía solo. Aquí es donde entra en juego un factor más que hace la circunferencia de El Círculo más amplia todavía: los productores con los que Kase ha contado en su obra. Cashflow es uno de ellos. El productor miembro de Grand Groove falleció hace ya unos años y el hecho de que su nombre esté entre los productores de este disco es reflejo no sólo de la calidad de su trabajo, sino también del legado que dejó pese a su corta edad. Otro nombre propio es Crudo Means Raw, probablemente uno de los mayores responsables del trabajo que Ibarra ha estado haciendo en Colombia, y responsable de la producción de Pavos Reales y del Outro. Añadimos a El Arkeólogo en Yemen, uno de los misiles del disco que de forma inevitable recuerda, con sus largos párrafos interminables cruje-nucas, a canciones que tanto hemos disfrutado como Pura Droga Sin Cortar o Trae Ese Ron. También Teórico en Guapo Tarde, Juez One en la co-producción de Triste y de Repartiendo Arte –donde se apunta también Juan Rodríguez Berbin- y Big Hozone en Viejos Ciegos –mira la review que hicimos de su último disco, no seas vago-. Y por supuesto, el productor y Dj de Violadores del Verso R de Rumba, que mete mano en Amor Sin Cláusulas y produce enteramente la colaboración con los propios Violadores: Rap Superdotado. 

El resultado es un sonido conexo pero para nada simple. Hemos dicho que Kase ha presentado su obra como enteramente personal, en la que se quita el traje de superhéroe para dar paso a la persona. Sin embargo, tanto en la Intro orquestal como en Yemen, Quieren Copiar, Pavos Reales o Booty Song encontramos al Kase.O que tanto nos gusta: el bestia, el que escala tan alto al pronunciar su nombre que sufre vértigos al mismo tiempo que lee el futuro de sus competidores en la espuma de su pis. (Personalmente, me llama la atención que cuando hace cinco años se publicó el disco de Kase.O & Jazz Magnetism, se comentó precisamente que Kase había optado por incluir en el largo las canciones más íntimas y existenciales de su repertorio. Es una mera reflexión que os dejo aquí, simplemente). 

Lo que está claro es que ese ego inconmensurable no es sino la sombra de un Javier Ibarra que ha lidiado durante toda su vida con su opuesto; con unos fantasmas que le hacen replantearse su propia conciencia, su valía y su condición. “Tengo que aprender a aprender a pensar”. “¿Valdría de algo volver a nacer? No sé, quizás quisiera no ser”. Javi duda de sus propias dudas. El miedo, la inseguridad y los complejos están narrados por el propio Ibarra de forma cruel. Guapo Tarde, sin ir más lejos, me parece una canción dolorosa; quizá por esa cercanía que desprende, que nos permite entender no sólo la figura del Javi más humano, sino también cuáles son los cimientos del Kase.O todopoderoso y soberbio. 

De este modo, los hilos se conectan de forma que muy pocos esperábamos tratándose de un disco de Javat. Lo primero que pensé cuando escuché Viejos Ciegos, por ejemplo, fue algo parecido a “cuantísimo tiempo he pasado sin escuchar una canción como esta”. Estructuras de escándalo y rimas escandalosas, gamberradas, ingenio y humor a partes iguales por parte de Xhelazz y Sho Hai. En el caso de Pavos Reales, la resumiría en una palabra: colores. Plumajes coloridos en párrafos tropicales, desérticos y costeros de Mcklopedia, Shabu y Hermano L respectivamente. El desparpajo de No Sé Qué Voy A Hacer, los sonidos frikielectrónicos del interludio Quieren Copiar, o las expectativas de Rap Superdotado forman un conjunto de componentes que a mi juicio hacen el disco adictivo, y que cobran mayor sentido para el oyente en el momento en el que los relacionamos con la figura humana que hay detrás de la obra. Un hombre enfadado y triste, sí, pero también un hombre enamorado. 

La instrumental etérea de Amor Sin Cláusulas evoca en mí suspiros profundos y sonrisas tibias. El doble tempo y el bajo de Mitad y Mitad es capaz de sonrojar a cualquiera, y la voz de Najwa es un cuchillo en la sien. Y Mazas y Catapultas… Fuera deliberado por parte de su autor o no, todo el mundo ha estado opinando sobre este disco, y Mazas y Catapultas es uno de los motivos. Para bien o para mal, nos ha descolocado a todos. Opiniones personales aparte, no puedo evitar acordarme de Lágrimas Negras, el álbum de Bebo y El Cigala, cuando escucho esta canción. Esas percusiones a medida con cada sílaba, junto con el piano que las acompaña, forman una mezcla entre flamenco y jazz tan bizarra y exótica como arriesgada. Sí, el riesgo es patente y latente en El Círculo, pero que nadie se equivoque: el único motivo por el que esto es así queda claro y conciso en la Introducción –y parece que mucha gente todavía no se ha enterado de esto-: “Sed bienvenidos a este Círculo, en el que hago lo que me sale de los huevos”. Personalmente, Mazas y Catapultas me parece tan valiente como única. Muy poca gente dentro del rap patrio podría haber hecho una canción así. A mí me encanta. 

Y llegamos al colofón. El túnel. La estatua. La herida. He hablado con algún que otro amigo mío qué es exactamente lo que tiene Basureta para afectarnos tanto y, personalmente, no he llegado a ninguna conclusión. “No puedo escucharla tío, sencillamente no puedo; me pone súper triste”, me decía. ¿Es empatía? ¿Es la depresión que Javi sufrió en Colombia tan fiel y cercanamente recreada que nos hace empatizar con él hasta ese punto? ¿Es mérito suyo, o es debilidad nuestra? Escucho esta canción y pienso en mi madre abrochándome el abrigo. Pienso en mis amigos; hoy que están lejos, pienso en qué pasaría si se van, si me los quitaran. “Nadie puede robármelos, nadie puede robarme aquellas tardes”, me digo a mí mismo, mientras pienso que, definitivamente, estos son unos tiempos jodidamente raros. 

Tiempos en los que amo abstraerme. Cuando Kase.O publicó el año pasado Previo, el maxi precedente a El Círculo, a todos nos pilló a contrapié la canción Repartiendo Arte. Tengo en casa pendiente de leer “De lo espiritual en el arte” de Kandinsky, pero eso no me ha impedido elaborar mis propias conclusiones de una canción que podría ser un tratado filosófico en sí misma. Un mundo donde el creador, el artista, puede dar forma a sus impulsos. Donde la percepción de la perfección varía y cambia, donde las estructuras líricas y arquitectónicas son articuladas por un arquitecto a voluntad, en un espacio donde las referencias se pierden. Kase habla, tal y como lo interpreto, de una esfera paralela, la cual explora como un astronauta que se asoma al espacio exterior sujeto con un cable que le mantiene conectado a la nave. Al mundo real, físico y concreto. Y precisamente, ese “hilo de Ariadna” acaba rompiéndose, de forma que Javat se pierde en ese inmenso laberinto artístico para siempre… Pero, ¿cuánto tiempo dura? ¿Cuándo acaba un siempre?

Supongo que la respuesta a esa pregunta es indefinida, como indefinido es el principio y el final del círculo. En minúsculas. La virtud de este disco, más allá de todo el ruido que se ha generado a su alrededor por diversos – y controvertidos- motivos en los que no vamos a entrar, es que gira en torno a una serie de conceptos y estilos que se complementan unos a los otros. Y son ideas, sentimientos y evocaciones que, si bien han sido creadas con un viaje, un objetivo y una depresión de por medio, son inevitablemente atemporales. Ese es El Círculo; en mayúsculas. La lealtad a sí mismo es la que ha hecho a los mensajes de Javier Ibarra atemporales y eternos. Ajeno a gustos ajenos. Y aparte de todo esto, podemos decir que ha superado las 20.000 copias vendidas, y que esa aceptación, ese ego, ese indiscutible ejercicio de autoconocimiento y superación, a día de hoy tiene forma de disco de oro 

Tal y como yo lo veo, el escarabajo que aletea en la cabeza de Kase.O no ha formado un disco que cambie el juego. En absoluto. El planeta rap sigue girando en su misma órbita; El Círculo no ha cambiado ni va a cambiar eso. No, Javier Ibarra no ha hecho un disco que cambie las cosas. Ha hecho un disco que cambia a la gente.


lunes, 4 de abril de 2016

EL VIAJE DE MEDIYAMA

Sabía lo que venía pero, inevitablemente, cuando el telón se abrió por segunda vez en la noche me costó reaccionar. Las luces dejaban en la sombra a una figura grande, corpulenta, situada justo en el centro del escenario. Tardé un par de segundos en darme cuenta de que era Mediyama el que se mantenía en pie, enfrente del público, con los rayos de luz pasando sobre él, en una imagen teatral, barroca, casi bíblica. Las piezas del puzzle encajaron cuando vi a los otros tres tíos que le guardaban las espaldas: Hose, Héctor G. Roel y Dj Mesh.

Foto de Mediyama el pasado 2-4-16 en el susodicho concierto. Foto por Aury de Cruz.
Podría hacer una crónica de la fiesta que tuvo lugar en Madrid esa noche. Medi actuaba tras Fab y Nova Mejías, y precedía al pez gordo: Piezas, que presentaba su Melancholia. Pero no, hoy no voy a escribir sobre eso. Esto no va de crónicas ni de reseñas, sino de compartir con vosotros la figura de un tío que pone un gorila como portada de su disco en solitario y que se considera a sí mismo como la versión joven de Goyo Jiménez.

¿Quién es este individuo? La inmensa mayoría del público lo conoce por ser miembro varias formaciones, como Hydra –un grupo que mezcla el rap con varias formas de rock duro- o Res Non Verba –rap hardcore donde los haya con todo lo que eso conlleva, Neurosis es su último trabajo-. En añadido y mayor medida, la gente lo conoce –servidor incluido- por ser el corista de Rayden en sus giras, desde que empezara a sacar discos en solitario con Estaba Escrito. No me merece la pena, ni el tiempo, ni el espacio desmentir la suposición de que Mediyama vive bajo la alargada sombra de Rayden y sus fans. Medi no va por ahí. Este escrito tampoco.

Mindfuck, su disco en solitario, salió en 2015 (hablamos de él en la review sobre los trabajos que más escuché en ese año, check it out). Habiendo escuchado su curro con Res Non Verba e Hydra, la expectativa que puede generar el disco es clara: guitarras machaconas, agujetas en el cuello, gritos, hardcore, canciones bestias, cristales rotos para acompañar la cerveza… Mindfuck me sorprendió en su día por ir más allá. Mediyama amenaza susurrando, pero cuando grita, machaca y demuele. En una mano, un concepto y un sonido arriesgados. En la otra, la versatilidad y la elegancia del que conoce el juego a la vez que a sí mismo.

“Hoy vais a ver, por primera vez, el concepto que tenía en mi cabeza para presentar Mindfuck. Olvidaos de todo lo de fuera, hoy toca sentir”, nos dijo. 
¿Sentir el qué? Pues para empezar, una voz. Corrijo: la voz. Para los que estamos acostumbrados a rondar por los escenarios –arriba o abajo, da un poco lo mismo- es muy fácil reconocer quién sabe hacer determinadas cosas. Cuando el jodido Mediyama se pone a soltar ladrillos verbales saltan a la vista las tablas, el tiempo, la formación y el trabajo que ha dedicado a aprender a manejar su voz a hacer gárgaras con lava incandescente.

Yo tengo una teoría. Bajo mi punto de vista, Medi es el corista perfecto. Me explico. Para el cantante principal –Rayden o Camilo Sesto, da lo mismo-, contar con Mediyama como corista debe ser un lujo. Es un tío de garantías que no te va a fallar una frase –lo sé, lo he visto-, pero que además tiene presencia, tanto física como musical: no se va a quedar como un pasmarote en la parte de atrás del escenario, a lo que suma un chorro de voz y una técnica vocal de espanto. He aquí el problema: cuando el propio Mediyama es el cantante principal, es jodidamente complicado que no eclipse al resto del escenario por completo. Medi apenas se mueve por el stage cuando rapea; gesticula mucho, sí, pero no se da largos paseos. No le hace falta; es imposible quitarle la vista de encima cuando te está soltando en la cara el gorgorito de turno. 

Por eso quiero aprovechar para reconocer desde aquí la inmensa labor de Hose, de la H Suena, que no sólo no falló una nota coreando a Medi, sino que complementó al ya de por sí complementado. Se nota lo fino que estos tíos han tejido los hilos en cada movimiento ahí arriba. Por desgracia, no se aprecia igual de bien lo difícil que es conseguir ese equilibrio.

Sigo con Mesh. Hace algunos años, cuando el tío contestaba preguntas por Ask a través de su Twitter, le pregunté (pregunta, freak, pregunta!) cuál había sido el punto de inflexión que le había hecho convertirse en uno de los mejores Dj´s de España. Me contestó diciéndome que no se consideraba como tal. Pues bien, querido Jorge, si no lo eras entonces, mucho me temo que ahora sí lo eres. Te doy argumentos: los scratches de la intro de Mindfuck no son ni medio normales. Los de Magia Blanca no son ni medio normales. Los que te marcas en directo, tampoco, y mi cuello lo atestigua. Estoy seguro que eres capaz de enumerarme todas las virtudes que debe tener un gran DJ, igual que estoy seguro de que no eres capaz de decirme ninguna que no poseas –salvo lo de ser calvo y salir en Telecinco con el Dj Hero-.

Tanto Rayden como Mediyama han cambiado mi concepción de un directo de rap. “¿Y qué pinta Rayden aquí?”, pensaréis. Muy sencillo: Rayden, en su En Alma y Hueso, fue el que se sacó un conejo de la chistera. Un conejo enorme, con sombrero, frondosa barba negra y unas guitarras jodidamente molonas que toca como los ángeles mientras su cara permanece invariablemente estoica: Héctor García Roel (y me santiguo mientras lo escribo). 
Más allá de las innovaciones en las producciones musicales –no voy a ponerme a alabar todo, que luego alguno me tachará de pelota o de interesado-, la forma en la que Héctor se sube en las instrumentales con sus guitarras es algo que quizá no es nuevo, pero que funciona como pocas cosas lo hacen dentro del rap. Soy de los que dicen que cada concierto de Rayden (o de Mediyama, como es este caso) habría que verlo dos veces: uno mirando al cantante en cuestión, y otro viendo cómo Héctor toca o deja de tocar, cómo mete un acorde, un armónico, un punteo, o un chirrido de guitarra en el momento preciso.

"En tu cara escupo Mindfuck"
Como músico, Mediyama es un concepto en sí mismo. Ese concepto ha sido llevado al plano musical por gente como Héctor, y al audiovisual por gente como (el genial) Dan Barreri. Tal y como yo lo veo, Mediyama no crea Mindfuck, Mediyama es Mindfuck. De esta forma, a la hora de presentar ese concepto  en directo tienes un viaje de sensaciones basado en los tres pilares maestros: Hose, Mesh y Héctor. Sobre ellos está la reflexión de 4:35, o la frenética Parásitos, de forma que se alcanza el clímax cuando Siete, Seven, Puto Siete o como le queráis llamar sube para cantar Oasis. Qué animalicos. La imagen de los tres MC´s, Siete, Medi y Hose, cantando a todo pulmón sobre las guitarras de Héctor en el estribillo de la canción tardará mucho tiempo en huir de mi memoria. Apoteósico es la palabra. Una catarsis absoluta, una ejecución perfecta; me recorrió cada víscera. Como Insensibles: la culminación, la explosión final, lo que acaba de demolerte por completo.

Para mí, sin embargo, el  directo de Mediyama es algo más que todo eso. Y aquí entro en el terreno personal. Lo resumo en un único término, en la que a mis ojos es la mejor canción de Mindfuck: Nebulosa. He visto esta canción tres veces en directo. La primera fue en forma de lo que creo que recordar que era una acapella, en la gira de Rayden de Mosaico. La segunda, en un concierto de la gira de En Alma y Hueso. La tercera fue el sábado, como ya os he dicho, por primera vez en una presentación íntegra de Mindfuck.

Nebulosa es la única canción de rap que he visto en directo que ha hecho que los ojos se me empañen con riesgo de derramar las lágrimas. Dos veces. No sé si es la producción de Rayden, la letra de Medi, o cómo hacen que la canción crezca en el soliloquio final con un Mediyama completamente ido, gritando como si no hubiera mañana cada sílaba, como si le ardieran por dentro. No sé, de verdad, por qué esa canción me transmite tanto. Pero las dos veces que la he escuchado íntegra me ha pasado lo mismo: me quedo mirando con la boca medio abierta, incapaz de moverme, con los pelos de punta, sintiendo cada jodido compás de la canción inundar mi cuerpo mientras se forma un nudo en mi garganta y los ojos se me llenan de yonoséqué. Y me dan ganas de cerrar los ojos y sumergirme de lleno en lo que mis oídos me traen, pero a la vez no puedo cerrarlos, porque Mediyama parece morir cada vez que llega a la parte final.

En la presentación del pasado sábado viajé en cada matiz, cada entonación, cada grito, cada punteo. O lo que es lo mismo, cada gota de sudor de la frente de Mediyama. El que se supone que es el eterno escudero –lo siento, la metáfora de Sancho Panza no la pienso hacer- se coronó haciendo honor a sus virtudes y a los que le rodean. Ojalá Mindfuck contara con una gira propia, porque vaya si la merece. Un concierto de dos horas de esa mierda nos reduciría a cenizas a todos.

Y de ahí, sólo volveríamos a arder. Porque, como artista rodeado de artistas, Mediyama te hace viajar, y seguir el rastro de la magia entre sus gritos, mientras él, simplemente, se limita a hacerse infinito entre las luces. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

THE BLUES, DE JUANCHO MARQUÉS Y EL HOMBREVIENTO

"Mitad hombre mitad carne muerta." 
Un Leviathan llama a la puerta de Juancho pidiéndole pasar. Pero, como él mismo nos viene transmitiendo desde Domenica, su tiempo está en una muñeca ajena. Él, que hace las veces de atlante y poeta -si acaso no son lo mismo- está concentrado andando sobre un fino alambre, viviendo en ojos ajenos. La diferencia entre un rapero y un poeta probablemente resida en el amor propio. Juancho es punto de partida y de encuentro para su ego; no teme a la muerte, ha vivido con ella. Si las palabras sinceras no son elegantes, el disco entero de The Blues es una mentira. Es un plato crudo y natural de alta cocina, confitado por la mano magistral de El Hombreviento.

Él es el otro protagonista de esta historia. El Hombreviento es un violín que siempre llega puntual al compás adecuado para que se nos erice la piel. Es un sintetizador que te recorre cada milímetro del sistema nervioso. Como todo productor, es arquitecto. Como todo músico, es matemático. Es un hombre del Renacimiento, un brujo que remueve su caldero del que parece sacarse discos enteros como si nada. No he dejado de vivir en los días del barro desde que llegaron a mis oídos.

Jere y Juancho tienen otros planetas que orbitan a su alrededor. Cheb Rubën nos concede un último baile, detrás de los aplausos y de los gritos; un baile con la muerte en el que cada paso es una grieta más en el mármol de su (nuestra) integridad. Ahora dime, ¿te mereció la pena, Rubën? A nosotros, los oyentes, nos es jodidamente fácil rendir ofrendas a los escombros de tu estatua.

Dj Kaplan nos rasca la espalda, justo donde pica, y nos mantiene alerta. El jovencísimo G. Fernández pone el sparring con el que Juancho entrena, reivindicando su fe a cada hostia, quitando el tejado sobre el que llovían las piedras con forma de reproches. Alberto Rock -ave!- muere en París, Juancho ama en el Vietnam que es la discoteca, con la mirada perdida en otros ojos. Son un espejo en el que me veo cualquier sábado, cansado, riendo en la oscuridad, pidiendo que te quedes aquí, conmigo a dormir... 
Y cuando me doy cuenta es tarde, y me caigo en mi propia cárcel. Tengo que encerrarme, entre restos de semen y trozos de pizza; no puedo salir hoy, no puedo dejar estos pensamientos cerca de cualquiera. Por eso creo en la caída, una caída en mitad de un inmenso y cálido abrazo que me da Phoenix Jauman con su saxo ronroneante, casi tierno.
Después de que el macarreo de Sule Benz exprima la belladona, la voz, la maravillosa voz de Gata Cattana me lleva al siglo XIX, a los jardines de Arabia y al olor a tierra mojada... ¿Cómo puede ser el inevitable retorno a la tierra tan sumamente dulce, Gata? ¿Cómo lo haces?


The Blues fluye con una ida y venida constante de sus componentes, de forma que estos se alinean por momentos en una proporción áurea, perfecta, haciendo que el mundo arda de pura pasión y sentimiento mientras Juancho lo contempla sentado bajo un árbol, tocando la lira,
con sus sobras a sus pies, mientras Dj Taktel nos susurra que no, que no hay nadie como él.
Kaplan, del que ya hemos hablado, es el último vértice del triángulo responsable de The Blues. Su logística se aleja de las alturas y da luz a un templo hecho con basura, en cuyos frisos encontramos un estribillo delicado, íntimo y arriesgado. Ahora necesito saber por qué estoy luchando. ¿Alguna vez te has levantado? ¿Alguna vez has...?
Es con una pregunta a medio formular que llegamos a la nota de silencio que corta el aire. Tosko la toca para nosotros, Juancho la cultiva en sus campos y nos lleva de la mano hasta el final... Que resulta no ser tal. 

El final de The Blues se revela como una esfera que gira cambiando la pendiente, una canica en movimiento que impacta en otras; un efecto mariposa desde el final al principio y viceversa, desde la zona de confort al vacío, desde los mitos y sombras que supone el no saber quien eres, a la mente colapsada de una chica que, sentada desnuda en el borde de la cama, no sabe qué hacer.
Se lleva una mano a la cara, y no sabe si el dolor de cabeza es por culpa de la resaca o por la incertidumbre que siente al mirarse al espejo. Se diría tantas cosas, si tuviera el valor... 
Medios metros que se transforman en diez fronteras de quien quiere, incluso de sí misma, para encontrarse sola en una cama, llena de grietas y parches, pensando en quién se marchó, en quién está arriba brillando, en esa puta incertidumbre perenne que recorre cada poro de su piel. Ella es delicada y a la vez innavegable, demasiado profunda para cualquier leviathan. Está llena de contradicciones, de miedos, de matices, pero siempre en bellísima proporción. La poesía de sus ruinas es el auge del imperio de su tristeza y sus dudas; tiene siempre más claro sus resoluciones futuras que los tropiezos pasados. 
Es un violín, un sinte, un saxo, un verso, un scratch. Es oyente, músico y música. Ella es una obra maestra. 

Ella es The Blues.

domingo, 3 de enero de 2016

REVIEW: LO QUE ESCUCHÉ EN 2015

Vivimos en la Era del Single. La música es comida rápida. 

Es prácticamente imposible seguir la pista a todos los lanzamientos musicales que se hacen a lo largo del año, aunque nos ciñamos a un único género -el rap, en este caso-. La música se está convirtiendo en un producto de usar y tirar: trabajos nuevos se publican semanalmente, de forma que la vida útil de cada uno se reduce a unos pocos días antes de ser sustituido por otro. Lo bueno de esto, de cara a nosotros -llamémonos consumidores- es que el catálogo es interminable y podemos picar un poquito de todos los platos. 

Lo malo es que la carta de ese inmenso menú está redactada por las grandes distribuidoras digitales como iTunes, Spotify, y un largo etcétera, que nos muestran lo que a ellos les interesa que comamos. O escuchemos. O consumamos. El resultado: la inercia a ir de single en single, a no profundizar en los trabajos a los que pertenecen, y a no saber de la existencia de otros muchos que pasan desapercibidos. Aun sabiendo que yo estoy dentro de este circo por razones obvias, me declaro en contra de esta forma de ver la música. A mí nadie me dice qué escuchar, ni durante cuánto tiempo debo escucharlo. 

Por todo esto quiero contaros la música que he estado escuchando durante este año, concretamente centrándome en el género del rap. Tengo que matizar que todo lo que vais a leer a continuación es 100% subjetivo, sujeto a mi opinión y nada más, de forma que os invito a escuchar todos los trabajos de los que he bebido este año para que comparéis vosotros mismos, y en definitiva, ejerzáis el rol de oyentes y no de vegetales que escuchan la lista de hits de Spotify porque te lo dice el anuncio de turno.


TOP 5 DE SPANISH RAP EN 2015

Me parece imposible poder hacer una lista de valoración de todos los trabajos de rap patrio que han salido este año, y más de forma objetiva. Por eso he decidido hacer esta selección de 5 discos basándome en esta premisa: si sólo pudiera quedarme con 5 discos de rap nacional publicados en 2015, ¿cuales serían?

1.- Parker, de Jotandjota. El único disco que pongo por encima del resto. Los otros cuatro no los pongo en orden de preferencia, pero para mí este tiene el oro. La simbiosis 'Jota+Khaibeat', con Dj Rune y Surce también tirándolas a la escuadra hace que musicalmente sea de los discos más completos, sólidos y vanguardistas del rap español. Con ese aroma a USA -las influencias de Kanye y Drake en Jota son patentes- pero con el sabor que nos introdujo en Sincericidio, J.J. Parker ha hecho un disco tan infravalorado como trascendente. "En diez años dirán 'tú molabas', como a los Solo." No podría estar más de acuerdo, Jota.

2.- 78, de Tote King. Tote es uno de mis raperos fetiches, y es imposible que este disco no esté entre mis favoritos. De todos los de este año es con el que más me identifico en lo que expresa. Andalucía sigue siendo la proa del buque: de nuevo encontramos en la producción a Dj Rune, Surce, Baghira, Acción Sánchez, Sone, Brainiac... Un disco dinámico, con Tote en plena forma bajo mi punto de vista, valiente y ácido, en pleno efecto. Esto es lo que me ha hecho disfrutar como un enano de 78. El rey es el Rey.

3.- Avant Garde, de Tutto Vale, Sule B y Alberto Rock. Las producciones de este último sumadas a las líricas de Tutto y Saúl forman una tríada perfecta. Un trabajo que se hace corto, con las Vanguardias y todas sus concepciones como premisas a lo largo de 9 tracks diferentes, atrevidos y jodidamente bien edificados. Es una clase de historia, de arte y de música conjugadas magistralmente, en un trabajo que nadie -N A D I E- ha hecho antes en este país. "No es un riesgo, y si lo es, lo asumimos; avant garde." Pues avancen.

4.- Superhumano, de Capaz y Hozone. El retorno de uno de los peces más gordos del rap español, Capaz Fernández, que viene de nuevo acompañado de Jorge Big Hozone. La ecuación funciona, ya lo vimos en Último Cigarro, pero el mérito de Superhumano está en que hace de forma completamente diferente algo que ya habíamos visto y que nos volvió locos en su día -"pan caliente, pan caliente!!"-. Capaz se reinventa en tracks con humor, crítica, flow y "pelotas gordas como pompas", Hozone nos lo sirve crujiente a lo largo de 80 minutazos. Puedes leer el análisis del disco aquí.

5.- Melancholia, de Piezas y Jayder. Es un trabajo que aparentemente podría pasar por "un disco de rap más", por la estructura basada en estrofas largas, beats sampleados y canciones machaca cuellos. Pero nada más lejos de la realidad. Las líricas que Piezas guisa en el fuego instrumental de Jayder son de las mejores -por no decir las mejores- del año. Es una frasaza detrás de otra, sin tregua, y llega un punto en el que me pregunto "¿cómo cojones puede haber tantas punchlines juntas? En todo el disco habrá tres rimas contadas que no te hagan pensar que estás escuchando buena literatura. Jayder pone lo que cada vez considero más importante en un LP: los matices, que nos transportan a una atmósfera oscura, urbana, tan ámarga como melancólica. "Háblale a tus ojos del viento, o pensarán que el molino se está moviendo solo". Son cuatro pulmones murcianos los que hacen que el molino que es Melancholia se convierta en gigante.



Sin embargo, ceñirnos a estos cinco discos sería menospreciar la inmensa calidad que atesoran otros trabajos que he degustado este año.

Hemos hablado de Andalucía, Murcia y Madrid, pero en Zaragoza también se ha cocinado alta gastronomía. El don de escuchar de El Momo es uno de los trabajos mejor estructurados, polifacéticos y virtuosos de este 2015. Dos, de Lex Luthorz -la crème de la crème, uno de los productores más activos en los últimos años- y Pseudónimo es de inevitable disfrute, y Bajo el rayo que no cesa, de Sharif, supone la vuelta de uno de los hijos pródigos del rap más poético. Sin embargo, este último disco no ha frecuentado tanto mis auriculares en comparación con otros de esta lista (aunque con pocas canciones he disfrutado tanto como con Cantar y Coser).
Y por supuesto, no podemos olvidarnos del regreso de Javier Ibarra en Previo, un entrante del que será su próximo largo con sabor a main course, anhelado, admirado y respetado por todos, sentando cátedra, como es habitual en él. 
A medio camino entre Zaragoza y Madrid nació a principios de año Grey Theory, de Ceerre y Pablo Gareta -inconmensurable en la producción-. Me ha pasado algo parecido que con Sharif: no lo he escuchado tantas veces como otros trabajos, bien por tiempo, bien por estar centrado en otros discos, lo cual no quita que sea de los trabajos más destacados del año.

Centrándonos de nuevo en la capital, destaco otro disco que parece haber pasado desapercibido en la vorágine de lanzamientos: Mindfuck. El de Mediyama lo pongo a la altura del top; es un sonido distinto, muy cuidado, que forma un LP que he disfrutado hasta la saciedad. La versión en directo de Nebulosa ha conseguido llenarme los ojos de lágrimas. Un disco de 10 de un artista de 11. También me ha encantado el EP que han publicado Supernafamacho, Duddi Wallace, Mucho Mu y Fosi Blanco: Creamwarehouse. Mucho nivel y muchas tablas. 

Por otro lado, algo que me ha cambiado mucho la visión del rap y la música urbana en general ha sido el trabajo que ha hecho el productor Adrian Groves. Smileysyrup, con Tiscas, L. Marqués, Eleazeta y H. Roto me parece una pasada, un atrevimiento maravilloso con una ejecución impecable. Su precedente es Russian Roulette, donde Eleazeta es el abanderado principal, en un trabajo que me ha roto todos los esquemas. Groves ha sido de los productores más activos del año, y para mí una fuente de inspiración y de aire fresco. Parte de la culpa de esto también la tiene Samuel O'Kane, cantante de Barcelona que tira más al RnB, y que me ha flipado desde que le escuché por primera vez. Cuando se juntan los dos despachan como reyes. 

Este año también ha estado presente Ikki. Su disco Ikki is back lo he escuchado unas cuantas veces, por mucho que se le hayan echado al cuello con él. El productor ha estado en primera línea de fuego durante la segunda mitad del año participando, al igual que Groves, en uno de los discos más destacados del año en todos los aspectos: Martes 13 de Natos y Waor. 
Con él es con el que he empezado a escucharles en serio por primera vez, y a disfrutar de su música. Se han puesto serios con su discurso poco serio, lo que da como resultado una bomba, para qué vamos a negarlo. Fuera prejuicios, si no ha entrado en el top 5 es por mis preferencias subjetivas a los que sí lo han hecho, no por falta de calidad. 
De la mano de estos dos siempre ha venido un tío que hoy por hoy está brillando por sí mismo: Recycled J. A base de inéditos y videoclips me ha tenido todo el año dando cera a sus canciones. Nuevo, fresco, imparable. Hablando de evoluciones y nuevos alter-egos, no puedo dejar de hablar del EP 10/15, de C. Tangana. Es espectacular cómo fluye en las instrumentales de Drake y como dibuja sobre ellas sus líricas. El trabajo es una maravilla con sonido yankee, declaración de amor y beef incluidos. Puchito "la ha matado", literalmente.

Tirando a la "east coast", El Mártir de Charly Efe y Loren D me ha gustado mucho, aunque no lo he escuchado tanto como sus trabajos anteriores;. A través de mí, de Nach, me parece imposible no disfrutarlo si eres su seguidor -cosa que soy de forma rotunda y absoluta-. Otro nombre muy a tener en cuenta en meses venideros es Santiuve. Sus colaboraciones en muchos de los discos que hemos mencionado ya son TOP, aunque Todos somos Santiuve no he llegado a escucharlo todavía (cosa que espero solucionar pronto).

Más artistas a los que he dado cera y que me dejo en el tintero: Endikah y Sceno con su Utopía, Cres y Lio con Our Way, los inéditos que ha ido publicando Paul Paradox, los innumerables trabajos que han publicado los miembros de La Bohéme -en especial Love and Ice Cream-, Rozando el Núcleo de Larah Fémina y Sator Sánchez -de mis favoritos este año- y Random de Desplante en la recta final de 2015. Quiero mencionar también un trabajazo al que no he podido sacar todo el jugo que atesora por falta de tiempo: La jaula de oro, de Foyone; espero dedicarle las escuchas que merece en estos meses venideros.

Termino hablando de dos trabajos que han salido de las Islas Canarias y que me han maravillado de principio a fin. Uno es de los raperos más en forma del año: Crisálida de Nestakilla. El FLOW -en mayúsculas- de este tío es de otro planeta y ha maravillado a toda la escena nacional. También iría para el top sin duda. Pero el que creo que merece una mención de honor -y que también ha pasado desapercibido, para variar- es Líquida de Nirban. El canario ha hecho un trabajo impregnado de líricas retorcidas, absolutamente brillantes, aderezadas con su particular estilo. Creo que es imposible no revolverte por dentro al escucharlo; cualquier persona que aprecie la buena poesía en cualquiera de sus formas lo disfrutará como un enano. Brillante como mínimo. 


RAP EN LOS STATES.

Beauty behind the madness, de The Weeknd, probablemente sea con toda seguridad -y con permiso de grupos como Iron Maiden- el mejor disco de este año a todos los niveles. Poco que decir de este tío al que han llegado a llamar "el nuevo Michael Jackson". Es imposible escapar de él. 

Al nuevo de Drake, If you're reading this it's too late, me ha costado pillarle el punto y aguantarlo del tirón, pero me ha acabado enganchando inevitablemente. La mixtape que ha sacado con Future -What a time to be alive- apenas la he tocado, y el disco de este último, DS 2,me ha cansado a la mitad, demasiado repetitivo a pesar de que es uno de los trabajos yankis más sólidos del año. 

A Drake y The Weeknd sumo el discazo de When it's dark out, de G Eazy. La estética oscura que veíamos en forma de pequeños trazos en su trabajo anterior se convierte en el pilar de este, con una primera media hora de auténtica locura y un final algo más flojo. G0:0D AM, de Mac Miller -de quien he catado toda su discografía desde Blue Slide Park- es otro disco ignorado por los ránkings del año. Sin llegar a ser ninguna obra maestra, la evolución de Miller en este disco con su estilo tan característico me ha hecho pensar que es un trabajo a tener en cuenta y que me ha hecho disfrutarlo mucho. 

Cómo no hablar de Compton, el regreso de Dr. Dre. El disco tiene auténticos temazos -Deep Water, con Lamar, de los mejores del año- y algunos algo más flojetes, pero la firma de Dre en el sonido es tan tocha que todo el que haya disfrutado con el rap de los 2000's de USA (Eminem o Forget about Dre) va a gozarlo mucho y muy bien al escucharlo. Es mainstream en toda regla, a mí me ha encantao´. Otro que me ha maravillado: The incredible true story de Logic. Flow espectacular, de auténtico escándalo, soberbio para la juventud que tiene el chaval, aunque me quedan unas cuantas escuchas para poder analizarlo al 100%.

Termino hablando de Dreams worth more than money, de Meek Mill, un disco con algunos cortes muy gordos pero que por momentos me parece más de lo mismo (después del beef que tuvo con Drake, Mill va a tener que demostrar algo más si quiere seguir vivo in da game), y la guinda del pastel, el que muchos no dudan en calificar como uno de los mejores discos de rap de este siglo: To Pimp a butterfly de Kendrick Lamar.

Voy por partes. Yo con el disco lo he flipado de principio a fin, aunque es verdad que es uno de esos trabajos que amas o aborreces de cabo a rabo. Algunos dicen que está sobrevalorado, y yo lo cierto es que no me atrevo a discutir ni a refutar esa afirmación. Lo que es innegable es que Kendrick está consiguiendo fusionar el sonido clásico de la música negra con el hip hop y rnb más actuales, y lo está haciendo de una forma que nadie más ha conseguido -y que ha provocado, de facto y con motivos, que se le eleve al más alto olimpo raperil-. Lamar me parece una figura trascendental para el hip hop en estos años, y probablemente seamos más conscientes de ello cuando veamos esta época con algo más de perspectiva dentro de un tiempo. En estilo, talento, trascendencia, y calidad de su obra, si alguien puede quitarle el oro al disco de The Weeknd, al de Adele, al de Maroon V o al de Iron Maiden, es este tío -puede que también Alejandro Sanz con su SiropVALE YA PARO-.

En otras palabras, de 2015 en USA me quedo con Beauty behind the madness, To pimp a butterfly, If you´re reading this it´s too late, When it´s dark out y The incredible true story. 


To sum up, este ha sido mi año en lo que a los trabajos de rap se refiere, y no entro en otros géneros porque si no no acabo nunca. Es obvio que me he dejado nombres y trabajos por el camino (a The Documentary 2.0, de The Game y a ALLA de ASAP Rocky tengo que escucharlos más para poder decir nada de ellos, apenas los he tocado, y Rodeo de Travis Scott lo tengo pendiente) pero siempre intento abarcar como oyente el máximo de trabajos posibles y contrastarlos con la trayectoria de cada artista. Lo mío es una búsqueda constante de trabajos que me transporten, me hagan disfrutar y me cambien la forma de ver la música, y 2015 ha estado lleno de ellos. Si os interesa el género, os invito a que profundicéis en los nombres que he dado.  

PD: Purpose de Justin Bieber = discazo. Drones de Muse me ha dejado frío, más de lo mismo, aunque con cosas guays (por algo me han gustado desde siempre). 

sábado, 21 de noviembre de 2015

THE INCREDIBLES C & H

 SUPERHUMANO, DE CAPAZ Y HOZONE.

A la hora de escribir este tipo de reseñas -por llamarlas de algún modo- me doy cuenta de lo difícil que es plasmar el contenido de una determinada obra de forma justa. Cuanto mejor es, más difícil me resulta reflejar toda la intención y el esfuerzo de sus creadores. Bendita dificultad para hacer justicia al arte. No cabía esperar menos a la hora de reseñar un disco de estos dos iconos: Capaz Fernández y Jorge Big Hozone. Superhumano es su nueva criatura.

A pesar de que en la propia introducción Capaz nos dice que no comparemos este disco con los anteriores, a mí me encanta mirar a las obras con perspectiva. Igual que el artista tiene determinados deberes para con su público, nosotros como público también tenemos obligaciones con el artista que escuchamos: debemos valorar la obra por sus méritos propios, pero también ponerla en contraste con las anteriores. Para mí, esta es la diferencia entre fanáticos y público con criterio. 

Aquí es donde la cosa se complica, porque nos encontramos con que la anterior referencia de este dúo es una de las mejores bestias que ha parido el rap patrio: Último Cigarro. ¿Qué se puede ofrecer después de un disco como ese? Después de haber escuchado Superhumano de cabo a rabo, la respuesta es irónicamente simple: a ellos mismos. Capaz y Hozone nos dan más de Capaz y Hozone. Lo excepcional es la manera en la que lo hacen. 

Si en Último Cigarro Capaz y Hozone crean una atmósfera épica y casi oscura en la mayoría de los tracks, donde el malagueño deja manifiesta una supremacía jodidamente adictiva en estructuras, rimas y flows, en Superhumano la concepción es completamente distinta. El propio Rafael nos lo cuenta en su web: del ego se pasa a la introspección. La imagen que percibo es la de un Capaz que refleja en las canciones el conocimiento que tiene sobre sí mismo, pero que obviamente no se queda ahí. Las críticas salvajes que hace al panorama del hip hop (Lemmings, Freak), a determinadas conductas (A La Mierda Tdo@s, Quieres Vivir) y a la sociedad en general (Andy Warhol) le dan una acidez al disco marca de la casa. Es un carácter crítico a todos los niveles, incluso con uno mismo –Os Comprendo es un alarde de autocrítica en toda regla-. Un ataque a la envidia, al egoísmo humano y nuestras facetas más retorcidas socialmente hablando. 

A todo eso se suma el ego, ese fruto exprimido a la perfección desde los primeros discos de Hablando en Plata y que tanto nos gusta. Hozone pone la mecha y Capaz el fuego, de forma que encontramos auténticas bombas como son C.A.P.A.Z, Acción Reacción, No Soy o Cojones Enormes (Jorge y Rafa, en el dudoso caso de que esto llegue a vuestros ojos, leed aquí que os maldigo por acabar la canción de esa forma, nos dejáis a medias, la miel en los labios, cabronazos). El ingrediente que me saca la sonrisa sádica con el disco es el humor que tienen muchas canciones. El eructo de No Es Para Ti o canciones como Balada del Hater o Cereales… Puede parecer una gilipollez pero a mí esos detalles son los que me hacen disfrutar los temas al 200%. 
Por supuesto, también encontramos la faceta épica de la que ya hemos hablado, pero de forma diferente. Aquí es donde tenemos que hablar de otro factor importante del disco: el riesgo; un riesgo que le da muchísimo dinamismo. El filtro de voz de Envidia sumado a la colaboración de Sick Jacken, la atmósfera de western que tiene Nunca Más, lo íntimo de Sin Aditivos, el pedazo estribillo que hace Damon Robinson en Mil Ojos –tema también tratado en Último Cigarro-, el “niño interior” de A Cuánto Renuncié…
Otro aspecto que quiero resaltar, y que de nuevo supone un aumento de ese dinamismo, son los estribillos de algunas canciones. Canciones como Lemmingz, Nunca Más, Balada del Hater u Os Comprendo tienen un punto álgido en los estribillos, más melódicos y gordos –esa es la palabra- que nunca. Para mí son un escombro más fruto del paso de un Capaz desbocado, en todo su esplendor. 

Todas estas gotas de la lluvia que son los versos de Rafa germinan en las instrumentales de Hozone. Esto merece un párrafo aparte. La genial web de Hip Hop Actual lo llamaba el otro día “el Dr. Dre español”, y no podría estar más de acuerdo. Los discos que ha producido este hombre han exprimido lo máximo de sus artistas. Me explico. Tote hace el que muchos consideran su mejor disco (o al menos el disco con el que se consolidó como titán del rap español) con Hozone en Un Tipo Cualquiera. Shotta hace lo propio con Sangre. Hablando de Plata se culmina como grupo con Libertad/Hambre, y Capaz y Último Cigarro no es una excepción. Que el denominador común de estos discos –que contando a Superhumano abarcan un periodo de prácticamente 10 años- sea Big Hozone no es casualidad. 

Cada uno de los tracks de Superhumano huele al gusto que tiene Jorge por los samples, y a los usos magistrales de hace de ellos. Llega un punto en el que no distingo lo sampleado de lo tocado orgánicamente. Desde los sonidos más yankees de la Intro, a sonidos más crujientes, clásicos, o incluso ganstas al más estilo 90´s (Cojones Enormes, de nuevo). 

Superhumano tiene una profundidad con pocos precedentes. Podría poner alguna cita del disco, pero es que no creo que merezca la pena. El placer de estos trabajos es que se necesitan muchísimas escuchas para sacarles todo el jugo. Es curioso que un artista con tantos años de trayectoria como Capaz continúe explotándose a sí mismo al máximo a estas alturas. Algo parecido me pasó al escuchar lo último de SFDK, salvando las distancias. Yo a eso lo llamo hambre, ganas de seguir repartiendo leña y de huir de lo común, de lo fácil y de los rentistas.

El resultado es un disco tan simple como complejo, tan extenso como dinámico, tan innovador como clásico. No es que sea simbiosis productor-mc, es ventilarse la jodida cadena alimenticia en modo cooperativo. Es el rap de siempre hecho como nunca.


Las seis portadas de Superhumano. La del gorila es mi favorita.

jueves, 30 de julio de 2015

AMOR Y HELADO (Y HUESOS).

LOVE & ICE CREAM, DE MORF & C.H.E.S (LA BOHÉME) 

Logo de los susodichos
Os traigo una reseña en la que, al igual que en la anterior, analizo un trabajo de corta duración (lo que se conoce comúnmente como un EP) que acaba de ver la luz hace poco. Love & Ice Cream, de Morf y C.H.E.S. Estos dos artistas pertenecen al colectivo La Bohéme. Y digo colectivo porque esa es la denominación con la que ellos mismos se definen: un conjunto de artistas (Tutto Vale, Putotreze, EKS, G. Aldeano, Goldenalex, Karim, y los dos anteriormente mencionados) con trabajos individuales pero con un concepto musical, cultural y casi filosófico común.

 “La Bohéme son de pueblo; llámanos paletos, para lo malo, para lo bueno…”. 

Todos sus componentes tienen un denominador común: letras claras, con una estética muy underground, constantes referencias culturales que no se deben confundir con una actitud snob o cultureta, y el culto a las raíces, a la vida sencilla. Eso es lo que son, ese es su mensaje: 

“Y mi padre con sus ochenta
hablándome de la posguerra. 
Merezco trato de superestrella
más escuela, menos calle.”

Love n Ice!
Amén. 
Pues bien, después de Kiddrama, trabajo también de Morf, y de Maní, de C.H.E.S y M.PA,  Love & Ice Cream es el último trabajo que sale desde la sala de máquinas de estos personajes. Morf y C.H.E.S se juntan con el productor Juan Ríos en un trabajo de cinco cortes. 
Morf y C.H.E.S
Partamos de la base: Ríos aporta sus instrumentales muy del rollo de La Bohéme, con samples muy jazzeros y loops interminables, clásicos, sobre los que los dos mencionados se explayan con letras sencillas y directas. Nuestras nucas se ponen a trabajar rápidamente y no tardamos en ir más allá de la fórmula estándar del grupo: tras Cookies and Cream, llega el estribillo de Apple Crumble, cortesía de Kikone. Qué maravilla oigan, qué contraste y qué riqueza le aporta a la canción. Si lo juntamos con el párrafo de Tutto Vale tenemos auténtica canela en rama, scratch incluido. Suave, dinámico, interesante. 
Las letras a las musas, al autoconsuelo, con constantes referencias al trabajo de Morf como chef (chek out La Boheme Kitchen, estos chuchos son algo más que rap), culminan en la genial Cherry García, donde los archiconocidos Suite Soprano acompañan a la pareja. Cuatro estrofas; cinco perlas contando la instrumental de Ríos, los vaciles de Morf como Chef, la tortura de Juancho (“Me parto la psique”, g u a u), el anhelo de C.H.E.S, y el “no happy ending” de Sule B. El trabajo es  lo suficientemente bueno como para dejarnos un sabor dulce en la boca(en cuestión de sabores mejor pregunten a Morf) y demasiado corto para que se derrita.
Love and Ice Cream es sangre y es frío. Son platos de Morf, un “nombre pobre y sin tilde” de C.H.E.S, loops de Ríos, vaciles, musas, sexo, recuerdos (de la Brasil de Romario), anhelos, colaboraciones de alto nivel, mierda interna… ¿Amor? Creo que la Bohéme como tal son amor. Amor por una forma de ver el rap, de ver lo que nos rodea, y por una forma de venerarlo y criticarlo. Amor por una forma de vida; por una forma de pensar. Este trabajo no es una excepción. Amor y helado a modo de hueso, god damn, chucho. 

El próximo trabajo de La Bohéme será Straight Outta Herenzoo, de Putotreze, y saldrá a principios de agosto. En este enlace podéis estar al tanto de todo su curro. Stay tuned!




martes, 28 de julio de 2015

HEREDEROS ETERNOS.

EL LEGADO DE CHRISTIE, DE DEL PORTAL, JUAPI Y ROZAS. 

Portada del libro.
Lo bueno de tener un padre escritor es que, a la larga, conoces a otros escritores. Y lo bueno de conocer a otros escritores es que compartes trabajo. A base de dar algún que otro concierto por Parla y alrededores acabé conociendo a David Ruiz del Portal. A Juapi le conocí tiempo después, cuando actué en la presentación de la revista El Globo Sonda (punto de encuentro y de partida del arte parleño, check it out). Mi implicación en el Legado de Christie no fue otra que la de actuar en el acto de su presentación, el 10 de abril de 2015. David y Juapi se curraron presentaciones nada comunes en lo que a libros se refiere, y la oportunidad que me dieron de participar en dos de ellas la conservo como el principio de un camino compartido que me hace sentir orgulloso.

Hechas las presentaciones, pasemos a analizar a la bestia en cuestión: El Legado de Christie.

Del Portal y Juapi aka Zipi & Zape 
Antes incluso de empezar a leerlo, la pregunta que me venía a la mente era clara: ¿qué puedo leer sobre apocalipsis zombies que no haya leído ya? Esa es la cara y la cruz de El Legado de Christie. Por un lado, existe gracias a los memorables blockbusters de terror Z que han marcado una época en el género. Pero por otro, gracias a obras como 28 Días Después y Soy Leyenda, Resident Evil o The Walking Dead entre otros muchos, hemos sufrido en los últimos años un bombardeo de mundos apocalípticos atestados de zombies, con todo lo que eso conlleva. Eso le pone más difícil a un libro como este el llamar la atención, aportar cosas y sorprender. Empecemos por el principio. 

Cartel promocional
Ese principio es Owen Duran. Del Portal juega con la doble personalidad del protagonista, en lo que a lo largo de la novela se acaba convirtiendo en una lucha constante contra sus demonios. El mundo se va a la mierda, de modo que el presente apocalíptico choca con el pasado, donde Owen vivía con su familia. Toda esa lucha se aloja en su cabeza, y se refleja de cara al exterior con un sencillo cambio de look. Esto tampoco es del todo nuevo, pero David le da matices. Es obvio que en el tratamiento de un personaje es necesario un cambio radical en su forma de comportarse, en sus miedos y en sus ambiciones, cuando todo lo que ha amado sucumbe de forma tan macabra. Es una cuestión de supervivencia: abandonarse a la ira, a la rabia y a los instintos primarios. La parte interesante de todo esto es cómo David intercala los dos estados de Owen: por un lado, el Owen sádico que vive en un mundo desolado (al más puro estilo Soy Leyenda) y por otro, el padre, el Owen con mujer e hija que ve como todo se va desmoronando de golpe (y que, por supuesto, acabará convertido en el mencionado anteriormente). 

Mr. Owen Duran, prota del blockbuster.
Los juegos temporales dan a la novela de un dinamismo muy agradecido, más allá de que todos sabemos lo que se va a encontrar Owen al entrar en el hospital, que su familia no puede tener mucha mejor suerte, y que por supuesto todo acaba de la misma forma: con Owen completamente solo en una Manhattan infecta de zombies. En contraste, algo tan “monótono” como la supervivencia de Owen en esa última situación (si se puede considerar monótona la masacre diaria de “eternos”) no tarda en verse aderezado con giros interesantes en la trama. No es tanto lo que ocurre narrativamente, como un nuevo cambio en la mentalidad de Owen: de repente, por un momento, se da cuenta de que puede acercarse de nuevo a las respuestas que buscó al principio del desastre.

El libro poco a poco te va atrapando en sus redes, hasta que llegamos a lo que para mí es el verdadero puntazo de la novela. Entre las diferentes escenas de matanzas zombies (cada cual más gore, me quedo sin duda con la de la embarazada) vemos una nueva propuesta:

Lo definiría como 'nostalgia': Un antiguo chef convertido en eterno que, al ir a devorar a Owen en un restaurante italiano, de repente decide, motivado por su olfato, apagar el horno donde hacía las pizzas. Una pareja de novios que parece olvidar que están infectados y bailan como recién casados. Un zombie que, después de devorar a su familia, ofrece una copa de vino a Owen (el tío Willy, espectacular personaje). David mezcla en este punto dos elementos que aparentemente son incompatibles en una misma ecuación: zombies con ternura. Como si los eternos infectados no acabaran de olvidar quienes fueron y guardaran esos hábitos aun con la infección en pleno efecto. Maravilloso.

Una de las ilustraciones de Juapi.
Por otro lado, si bien en ocasiones echo de menos algo más de agilidad y rapidez en la narración de la historia (entiéndase, ocupar 2 párrafos en contar cómo le reviento la cabeza a un eterno en vez de página y media), la trama tiene determinados momentos de muchísima calidad. El deportivo que aparece de repente en New Jersey, la transformación en Central Park en un campo de concentración zombie, el hallazgo de los explosivos en el hospital, la trampa tendida por los zombies en el túnel... Si bien no nos hacen quedarnos sin uñas, sí que le dan a la trama un dinamismo verdaderamente interesante, dentro de las situaciones a las que estamos acostumbrados dentro del género. Hacen que la historia progrese a pasos agigantados y que, sin darnos cuenta, dejemos páginas y páginas atrás. 
Otro diseño de Juapi.
Por sacarle algún pero, diría que Owen queda retratado como un auténtico torpe al salir a la calle detrás de O´Conell, no digamos ya al organizar la pira funeraria después de que los médicos que le hagan entrever la ubicación de cierta cura (spoilers los mínimos). Por un lado es comprensible, pero también un poco torpe por su parte, todo sea dicho. 

El libro, además, tiene un bonus: el trabajo gráfico de Juapi. Este genio (no se le puede llamar de otra forma) acompaña a los textos de David con ilustraciones en ocasiones cotidianas, en otras verdaderamente espectaculares. Sólo tengo una pega: se me hacen escasas, tanto dichas ilustraciones como su protagonismo. Como los propios autores dicen, la idea era recuperar la idea de “novela ilustrada”. Está claro que lo logran, pero personalmente me quedo con ganas de más, más zombies, más vísceras, más material visual. Desde luego que merecen ese protagonismo. 
Ilustraciones de Juapi para el libro. Espectaculares.
En conclusión, El Legado de Christie ha demostrado ser un proyecto a gran escala, sin limitarse a una novela ilustrada corriente. Las presentaciones, las ilustraciones que acompañan a la narración, e incluso la BSO hecha por el grupo parleño GEA (trabajo tan bueno como humilde) hacen que la obra se haga notar dentro del género. ¿Quieres zombies, violencia, sangre, y un apocalipsis? Lo tienes. Y además tienes todo lo que ya hemos mencionado anteriormente. Del Portal le da un muy buen ritmo a la historia, más allá de los gustos sobre la forma de narrarla, y Juapi lo ambienta de forma sobresaliente. Mediante saltos temporales, personajes (en especial Owen) muy bien logrados y diálogos en ocasiones brillantes (típicos del género, por otro lado) la historia evoluciona mientras las páginas se amontonan a nuestra espalda cual cadáveres de eternos. 

Si el Z es tu género, El Legado de Christie es tu obra, no doubt. Os dejo abajo el video promocional del libro con la genial canción del grupo GEA.